sábado, 4 de octubre de 2008

"Por el placer de la lectura", por José Luis Sampedro

Hoy me ha llegado por e-mail esta carta que ha escrito José Luis Sampedro, un escritor y un orador al que da gusto leer y escuchar. Un sabio.


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.

Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio..
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.
¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo:
¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

3 comentarios:

Paco dijo...

Amigo Martín, como bien sabes he trabajado durante bastante tiempo en la bibliotecad el IC y puedo asegurarte que lo que este hombre cuenta es cierto, caminamos hacia los prestamos de pago. Ya el año pasado nos llegaron varias circulares del gobierno en las que nos instaban a dar nuestra opinión al respecto. Que ironía, el gobierno preguntándole a sus empleados si quieren ver como su profesión desaparece y pidiéndoles respaldo para que ello suceda con la mayor celeridad.

Te diré también que, por circuntancias que bien conoces, pasé gran parte de mi infancia en la 3ª 2ª del Hospital La Fe de Valencia. Aún recuerdo las clases de primaria en aquel semisotano al lado del gimnasio y el famoso carrito del que se nos habla en la carta, entrando en mi habitación y descubriéndome a Tom Sawyer o la vuelta al mundo en 80 días.

Figúrate, postrado en la cama y paseando por el Mississipi, más aún, recorriendo el mundo en globo.
Si, el libro cura más que muchos medicamentos, por eso nos quieren cobrar por leer en bibliotecas. No soportan vernos sanos.

Kostas Vidas, poeta de cantina dijo...

Menudo animo a la lectura. Que alguien sin acceso a un nivel cultural considere el canon correcto me parece poco entendible, pero que se cuestione el bien social de las bibliotecas de esta manera desde la clase dirigente es de sanguijuelas. Chapeau el maestro Sampedro.

Anónimo dijo...

Nos estamos quedando sin faros, sin personas que desde la lucidez y la generosidad nos recuerden que tenemos la obligación de pensar y hacerlo deprisa para que no tomen decisiones por nosotros.
Es perverso, en nombre de la supuesta defensa de los intereses de unos pocos siguen recortando libertades y penalizando a muchos. Pues qué bien, yo propongo que cobren un canon a los que viven en los pueblos por respirar aire puro,yo no puedo desarrollar mi profesión en un pueblo y me tengo que joder los pulmones aquí, no es justo